Me pides ayuda como si la merecieras.
Me pides ayuda como si no supieras que al que más le cuesta es a mí. Reclamas un perdón que, estando en mi mano, no puedo darte.
Sueño y evoco que todo ha sido una pesadilla, pero ha sido real. Traición, mentira.
A veces pienso que todo está en mi mano, la responsabilidad de reordenar el puzzle y presumir de ser humano bondadoso, recto.
Pero nada está en mi mano, todo se fue, todo voló porque vosotros soplasteis. Todo se desvaneció, y no me queda nada.
Es duro, pero más duro es para mí, que no lo he merecido. Y claro que me importas, y no sabes cuánto. Más de lo que por supuesto mereces. Mi censura.
A ratos juzgo mi sangre fría, que hierve al ver que la tuya es aún más gélida, sabiendo que tu mera voz me rompe.
Haz el favor, haced el favor, y poneos en mis zapatos.
La solución no es pulsar 'reply'. Es pulsar 'delete'.
Pido respeto, y consideración.
No sólo por mí.
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