El 4 de septiembre de hace un año ponía rumbo
a la mejor decisión que he tomado en mi vida. Ponía rumbo a la ciudad que me
cambió la vida, a mí y a la gente que me ayudó a cambiarla. Rennes, esa
pintoresca ciudad de la Bretaña francesa, ha marcado un antes y un después indiscutible
para todos. Sólo un episodio fatal podría igualar su trascendencia; la felicidad
es inigualable. La felicidad fue aquello.
Para mí hacer el Erasmus no fue un sueño ni
una meta. Fue un paso necesario en el camino marcado por mis padres. Quizás por
eso nunca me terminé de convencer de mi partida. Tuve dudas, porque al
contrario de muchos lo mío no fue tanto la ilusión de la partida sino una
especie de ‘mili’. Pensé en rajarme y menos mal que no lo hice. Ha sido la
experiencia más maravillosa de mi vida.
Hoy hace un año que dejé de tener miedo;
embarqué y me dije que en mi vida tenía que tener entereza. Me endurecí ante el
temor pero dejé el corazón abierto. Por fortuna, encontré gente que escuchó
música dentro y se acercó.
Extraño Rennes y sus días grises, porque allí
el sol estaba en las personas y no en el cielo. Extraño a los franceses porque escuchando su lengua conocí el amor más auténtico, el valor de la amistad.
Extraño la que fue mi residencia porque me
permitió tener a solamente una planta de distancia, sencillamente bajar unas
escaleras, a la persona más especial que Argentina ha dado al mundo. Extraño sus brazos
siempre abiertos, y su sonrisa. Ahora sé lo que es querer a un continente de
distancia, y eso es fascinante.
Extraño mi habitación de nueve metros
cuadrados porque no hace falta más espacio para rodearte de tu felicidad, borracho
de endorfinas, apretadito y gozoso como un niño al que dan el pecho. No se
necesita más si fuera de esas cuatro paredes lo tienes todo.
Extraño a mi gente. Pero más poderosa que la
melancolía es saber que los tendré siempre conmigo. Lágrimas de luz en un
arroyo.
Hoy, vuelvo a estar en casa hasta próximo
aviso. No puedo decir que me haya abandonado la sonrisa. Puedo amanecer y besar
a mi madre; el mejor hábito que he tomado en mi vida. Rennes fue un sueño real,
un tatuaje que todos llevamos en el alma.
El 4 de septiembre será siempre una fecha marcada en rojo en el calendario. Pero nunca se tratará de recordar lo que comenzó entonces. Se tratará de seguir viviéndolo, de volver a darnos cuenta de que sigue vivo, porque nunca dejará de
acompañarnos.
Granada es la ciudad de mi vida; Rennes, la
de mi corazón.
Aujourd'hui, ça fait une année que je suis parti à Rennes.
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