viernes, 4 de septiembre de 2015

Ça fait une année que...

El 4 de septiembre de hace un año ponía rumbo a la mejor decisión que he tomado en mi vida. Ponía rumbo a la ciudad que me cambió la vida, a mí y a la gente que me ayudó a cambiarla. Rennes, esa pintoresca ciudad de la Bretaña francesa, ha marcado un antes y un después indiscutible para todos. Sólo un episodio fatal podría igualar su trascendencia; la felicidad es inigualable. La felicidad fue aquello.

Para mí hacer el Erasmus no fue un sueño ni una meta. Fue un paso necesario en el camino marcado por mis padres. Quizás por eso nunca me terminé de convencer de mi partida. Tuve dudas, porque al contrario de muchos lo mío no fue tanto la ilusión de la partida sino una especie de ‘mili’. Pensé en rajarme y menos mal que no lo hice. Ha sido la experiencia más maravillosa de mi vida.

Hoy hace un año que dejé de tener miedo; embarqué y me dije que en mi vida tenía que tener entereza. Me endurecí ante el temor pero dejé el corazón abierto. Por fortuna, encontré gente que escuchó música dentro y se acercó.

Extraño Rennes y sus días grises, porque allí el sol estaba en las personas y no en el cielo. Extraño a los franceses porque escuchando su lengua conocí el amor más auténtico, el valor de la amistad.

Extraño la que fue mi residencia porque me permitió tener a solamente una planta de distancia, sencillamente bajar unas escaleras, a la persona más especial que Argentina ha dado al mundo. Extraño sus brazos siempre abiertos, y su sonrisa. Ahora sé lo que es querer a un continente de distancia, y eso es fascinante.

Extraño mi habitación de nueve metros cuadrados porque no hace falta más espacio para rodearte de tu felicidad, borracho de endorfinas, apretadito y gozoso como un niño al que dan el pecho. No se necesita más si fuera de esas cuatro paredes lo tienes todo.

Extraño a mi gente. Pero más poderosa que la melancolía es saber que los tendré siempre conmigo. Lágrimas de luz en un arroyo.

Hoy, vuelvo a estar en casa hasta próximo aviso. No puedo decir que me haya abandonado la sonrisa. Puedo amanecer y besar a mi madre; el mejor hábito que he tomado en mi vida. Rennes fue un sueño real, un tatuaje que todos llevamos en el alma.

El 4 de septiembre será siempre una fecha marcada en rojo en el calendario.  Pero nunca se tratará de recordar lo que comenzó entonces. Se tratará de seguir viviéndolo, de volver a darnos cuenta de que sigue vivo, porque nunca dejará de acompañarnos.


Granada es la ciudad de mi vida; Rennes, la de mi corazón.


Aujourd'hui, ça fait une année que je suis parti à Rennes.

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