Muchos te exigirán prudencia, que en ocasiones se traduce en la falsa medalla del que no se atreve a llegar a un punto, sea lo que sea. Te hablarán del bien mayor, del mal menor, de la discreción, de la mentira piadosa. Olvidan las tripas.
Las tripas desobedecen leyes y convencionalismos impuestos y se rebelan contra uno, asfixiándolo. Las tripas piden crudeza, crítica, y sólo tras esto, consuelo.
Cuando el dolor es puro sólo el grito y el llanto ayudan. Por más que a uno lo lleven de paseo al parque, por más Thabor que sea, las flores nunca van a estar en su sitio. Serán ajenas, discordantes, incongruentes. Rotas en vida.
Nada más injusto que pedirle al dolorido que se reprima cuando la herida le recuerda su posición. Los desgarros despiertan a los niños en la noche.
Efectivamente, el hieratismo es mentira
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