martes, 19 de enero de 2016

Razones

Escuchó el aviso pero no corrió; le fallaron las piernas. Otra vez.

Perdió el metro como la perdió a ella. Su vida volvía a quedar a la deriva de eso, un ir y volver de la universidad tan constante como insípido. Ni siquiera sabía para qué estudiaba. Alguna vez concluyó que cursaba psicología para entender a Marta. El resto no importaba. ¿Qué importaba, ahora?

Sin la dignidad de levantar la mirada del suelo enfilaba la entrada al vagón recién llegado. Atisbó unos tobillos de mujer, y cedió el paso. “Gracias”. Una sonrisa y dos ojos verdes le devolvieron las razones.

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