jueves, 20 de abril de 2017

Inabarcable

Cada vez comprendo menos, se me escapan más asuntos y me veo más estúpido. Será la madurez. Yo tampoco soy una excepción ni estoy libre de pecado. A medias como todos entre el que lo intenta y el que se resigna, el que se informa y el que vive desinformado.

Por las mañanas procuro asimilarlo todo, entender los porqués porque todo sigue una lógica, más o menos oculta. Por las noches me acuesto trastornado si no me he compadecido antes, porque un hombre sólo es un hombre aunque delire.

Somos artesanos de la vida, aspirantes a una minúscula proporción de tierra que labrar. Cada cual a sus tomates, con cariño y devoción, porque uno es singular y genuino y en sí todo un universo, dócil ante las mismas leyes ilegibles que obedecen las constelaciones.

Pobre quien se crea omnipresente, sabio y al tanto. Suya es la ansiedad, suyo el dolor. Apenas los susurros de boca a oído dicen la verdad, y tampoco todos porque cada lengua construye la suya.

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