Por más que lo hagas arder siempre van a quedar cenizas, irreductibles, groseras, presentes y, de alguna forma, vivas allí donde las deposites. Ojalá todos olvidáramos de la misma manera.
Recojo mis bártulos por la ciudad que para ti construí de la nada y del todo, aunque hay maderas que ya son puertas y piedras que son aceras y ya no se pueden retirar. Al menos no todavía. Y no aguardo fecha.
De paja me construyo un hogar a las afueras, porque no me veo capaz de convivir en la ciudad. No con esos carteles luminosos que me ciegan.
Me matan la ganas de volver a dibujar, de pensar unos labios, de recrear una voz. Me falta campo pero se hunde la tierra a mi paso; los pies se hunden mas se fortalecen las piernas. Y el corazón. Y la razón, al mismo tiempo.
Tan perfectamente consciente de mis errores, de mis malentendidos, de mis carencias. Y a la vez tan completo inocente, que no mira la brújula y aun con la cabeza agachada sigue caminando. Hacia donde el agua corra, hacia el concierto de sirenas.
Consciente de la ecuación al fin y al cabo. Consciente de que uno es uno, de la cuna al cajón.
lunes, 28 de marzo de 2016
lunes, 15 de febrero de 2016
Compás
Tengo arena en la cabeza, que no en el pelo.
El viento arrasó con todo, también con la basura, y dejó un desierto de mucho
desinterés, pocas certezas y ninguna expectativa. Me dejó sin nada a lo que
agarrarme, lo que viene a parecerse a la idea de libertad que todos deseamos
acotar a esclavitudes que bajo el halo del sentido esconden sangre. Porque nos
encanta sangrar.
No hay luz en la noche y nos rompieron las
farolas. Oigo voces lejanas de las que me intento desconvencer, porque no me
satisfacen. Es definitivo, añoro la venda tanto como me alegro de sufrir la
iluminación del día. El valor es reconocer la cobardía propia, romper el abrazo
que no era ni mucho menos perfecto, que tenía vergüenzas que tapar.
Y gira, y gira. Y se ve que hasta baila porque
en otras orillas sigue habiendo sal. Sigo escuchando el compás, y mis pasos
siguen retando al orden respetando la armonía entre ellos. Dirijo una
manifestación de pleno, sin más integrantes que mis sombras, que ni me saludan
pese a ser vecinas. Protesto sin reivindicación; protesto por mí.
Derramo ‘saudade’ de charcos, de lejanía. Me
quiebra la proximidad y me aterra el cemento húmedo. Y el horizonte me queda a
dos metros, que ya pudieran ser más. Hasta que el compás se detenga.
martes, 19 de enero de 2016
Razones
Escuchó
el aviso pero no corrió; le fallaron las piernas. Otra vez.
Perdió
el metro como la perdió a ella. Su vida volvía a quedar a la deriva de eso, un
ir y volver de la universidad tan constante como insípido. Ni siquiera sabía
para qué estudiaba. Alguna vez concluyó que cursaba psicología para entender a
Marta. El resto no importaba. ¿Qué importaba, ahora?
Sin
la dignidad de levantar la mirada del suelo enfilaba la entrada al vagón recién
llegado. Atisbó unos tobillos de mujer, y cedió el paso. “Gracias”. Una sonrisa
y dos ojos verdes le devolvieron las razones.
miércoles, 13 de enero de 2016
"Fuera"
La levedad de lo que escribo, los motivos que tuve ayer hoy no percibo. La incertidumbre de no saber quién seré mañana, la nostalgia de lo que fuimos.
La boca exhala humo y juntos se desvanecen. Lo efímero del recuerdo, de conservarlo. Quien quiera matarnos nos matará, y dará igual amar la vida. El pasado y el futuro ocultos en la niebla, sin referencias. En la foto, caras recortadas. Dime tú quién se acuerda.
El abrigo no protege sin una mano en el bolsillo. Sushi al desamparo. Voces de otrora socorro ahora en mute, y notar la diferencia. Las creencias de un buen mortal, ignorante como las piedras. Añoro la lealtad como Tony Soprano sin haberla conocido, justificando mi hambre. Al alambre con todo en la mochila pensando en el vacío de mi ombligo.
Riego una planta extinguida con mentiras esperando ver crecer pureza. Manteniendo la distancia porque no te quiero. Ni te creo, y niego luces porque veo tu sombra. Bajo la capucha ante escaparates y personas, temiendo lo peor. Arrancando hojas del libro de mi historia, porque hay pasajes que ocultar a mis nietos. El acta de defunciones si preguntan.
Leer siempre da conocimiento. También de culpa.
La boca exhala humo y juntos se desvanecen. Lo efímero del recuerdo, de conservarlo. Quien quiera matarnos nos matará, y dará igual amar la vida. El pasado y el futuro ocultos en la niebla, sin referencias. En la foto, caras recortadas. Dime tú quién se acuerda.
El abrigo no protege sin una mano en el bolsillo. Sushi al desamparo. Voces de otrora socorro ahora en mute, y notar la diferencia. Las creencias de un buen mortal, ignorante como las piedras. Añoro la lealtad como Tony Soprano sin haberla conocido, justificando mi hambre. Al alambre con todo en la mochila pensando en el vacío de mi ombligo.
Riego una planta extinguida con mentiras esperando ver crecer pureza. Manteniendo la distancia porque no te quiero. Ni te creo, y niego luces porque veo tu sombra. Bajo la capucha ante escaparates y personas, temiendo lo peor. Arrancando hojas del libro de mi historia, porque hay pasajes que ocultar a mis nietos. El acta de defunciones si preguntan.
Leer siempre da conocimiento. También de culpa.
domingo, 3 de enero de 2016
Justicia del sentir
Muchos te exigirán prudencia, que en ocasiones se traduce en la falsa medalla del que no se atreve a llegar a un punto, sea lo que sea. Te hablarán del bien mayor, del mal menor, de la discreción, de la mentira piadosa. Olvidan las tripas.
Las tripas desobedecen leyes y convencionalismos impuestos y se rebelan contra uno, asfixiándolo. Las tripas piden crudeza, crítica, y sólo tras esto, consuelo.
Cuando el dolor es puro sólo el grito y el llanto ayudan. Por más que a uno lo lleven de paseo al parque, por más Thabor que sea, las flores nunca van a estar en su sitio. Serán ajenas, discordantes, incongruentes. Rotas en vida.
Nada más injusto que pedirle al dolorido que se reprima cuando la herida le recuerda su posición. Los desgarros despiertan a los niños en la noche.
Las tripas desobedecen leyes y convencionalismos impuestos y se rebelan contra uno, asfixiándolo. Las tripas piden crudeza, crítica, y sólo tras esto, consuelo.
Cuando el dolor es puro sólo el grito y el llanto ayudan. Por más que a uno lo lleven de paseo al parque, por más Thabor que sea, las flores nunca van a estar en su sitio. Serán ajenas, discordantes, incongruentes. Rotas en vida.
Nada más injusto que pedirle al dolorido que se reprima cuando la herida le recuerda su posición. Los desgarros despiertan a los niños en la noche.
jueves, 31 de diciembre de 2015
Madriz
El año muere en Madrid en un final justo porque yace entre una representación importante de aquellos que lo protagonizaron. Aquellos que le dieron sentido y lo marcaron, de una forma u otra, para siempre.
Madrid acogió reencuentros, abrazos, besos, lágrimas y palabras de amor. Madrid fue ouija porque resucitó recuerdos que siguen vivos entre nosotros, en nuestras memorias mientras conserven la luz. Cabía esperar más frío y, salvo de madrugada para alguna, no fue tal. Volvió a quedar demostrado que tres cuartas partes del buen viajero son pan. También de buenas cuando cruzan mesetas por miradas.
Conversaciones banales construyen significados y otras, ebrias de incertidumbre, alumbraban a trompicones la única certeza: que las amistades que son de verdad siempre resisten. Que las personas que se quieren nunca están lejos.
Madrid probó que la sonrisa vale más que la carcajada . Dura más, y es más simbólica, más leal, menos casual. Es importante reconocer un sofá en el que acurrucarse. La Navidad de Madrid hizo hueco para el valor de la amistad entre copas de Larios, relaciones públicas más y menos ortodoxos y chinos con camisetas también del Atleti. Al abrigo de un Retiro aún otoñal.
Esta vez lo volvió a unir Madrid, Mañana, Rennes dirá.
Madrid acogió reencuentros, abrazos, besos, lágrimas y palabras de amor. Madrid fue ouija porque resucitó recuerdos que siguen vivos entre nosotros, en nuestras memorias mientras conserven la luz. Cabía esperar más frío y, salvo de madrugada para alguna, no fue tal. Volvió a quedar demostrado que tres cuartas partes del buen viajero son pan. También de buenas cuando cruzan mesetas por miradas.
Conversaciones banales construyen significados y otras, ebrias de incertidumbre, alumbraban a trompicones la única certeza: que las amistades que son de verdad siempre resisten. Que las personas que se quieren nunca están lejos.
Madrid probó que la sonrisa vale más que la carcajada . Dura más, y es más simbólica, más leal, menos casual. Es importante reconocer un sofá en el que acurrucarse. La Navidad de Madrid hizo hueco para el valor de la amistad entre copas de Larios, relaciones públicas más y menos ortodoxos y chinos con camisetas también del Atleti. Al abrigo de un Retiro aún otoñal.
Esta vez lo volvió a unir Madrid, Mañana, Rennes dirá.
jueves, 24 de diciembre de 2015
Fracasar
Fracasar es creer en algo sin que ese algo crea en ti. Fracasar es dedicar años, esfuerzos y lágrimas contenidas a la construcción de un modelo de persona, de un modelo de ser, que acaba ninguneado y meado en la calle. Fracasar es que te humillen aquellos por quienes habrías matado al ver sus nombre manchado. Fracasar es creer en Dios y que te inyecten ciencia. Fracasar es abrazar a quien ríe al otro lado. Fracasar es querer a quien te está mintiendo. Fracasar es no poder hacer nada para evitarlo. Fracasar es que te engañen y luego ni respeto te tengan. Fracasar es que sea el puro el que termine al margen, y que la rueda siga girando. Fracasar es escuchar la rueda girar desde tu casa.
Fracasar es triunfar; porque el que falla lo hace tarde o temprano, y siempre puede ser más tarde y más doloroso. Triunfar es retirar la mano del fuego equivocado antes de echar a arder. Porque siempre puede arderse más.
Fracasar es triunfar; porque el que falla lo hace tarde o temprano, y siempre puede ser más tarde y más doloroso. Triunfar es retirar la mano del fuego equivocado antes de echar a arder. Porque siempre puede arderse más.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)