martes, 21 de febrero de 2017

Ambición

Lo existencial a los veintidós. La incertidumbre vitalicia de un pollo recién eclosionado que agita sus alas y salta creyendo que vuela. Los años que suenan tan largos y los calendarios que desfasan tan rápido.

La ambición respecto al nido y su zona de confort, en el rinconcito conocido o en el globo por conocer. Las apetencias cotidianas, las satisfacciones desconocidas. La tierra, que dicta, y el cielo, que sugiere. Los pies atados al suelo aunque no siempre debieran.

Las necesidades de uno, que no son las del otro. Mucho menos las de todos. Esa felicidad que todos buscamos y que no se esconde en el mismo pajar, ni a la misma distancia. Las peticiones del corazón. Las de la vocación, que no el oficio. Las del vicio. Un equilibrio imposible a toda vista, a toda comprensión, a todo raciocinio.

No son las calles, memorizadas o no. Tampoco el idioma, aprendido o no. Son los ecos, los destellos de los hechos propios y los ajenos. La conducta de los sueños. El mecanismo de la sonrisa.

lunes, 2 de enero de 2017

Y otro

Todos gritan pero nadie sabe por qué. Brindan, se abrazan, se besan. Quizás la mejor y sola respuesta sea pensar que el motivo es poder hacerlo, seguir vivos, estar unidos. Un año más, y los que vayan por los que restan para dejar de estarlo. Igual que se dice lo de que nunca la noche es más oscura como justo antes del amanecer, yo nunca escucho más ni mejor el silencio como después de un gran ruido. Me ocurre a menudo en estos días.

Pasar de año da para reflexionar en la dedicación que has otorgado a los 365 días ya caducos. Puede doler sentenciar que fueron vacuos. Aunque uno no quiera hacerlo, repasa los rostros más importantes. Y es triste que con alguno ni siquiera haya cruzado un mensaje de 'feliz año nuevo', pese a que ni me guste escribirlos por pereza. Termina impulsando el miedo al olvido, en los casos más subrayables.

¿Qué he aprendido? Es probable que mucho, y que ahora, en este momento, no sepa valorarlo. Ayer hubo ruido y hoy un silencio significativo, que me parte esquemas que creía sólidos. Nada. Me guardo alguna confesión, alguna noche, alguna sonrisa, algún engaño. Algún grito de estos en los que sientes que puedes gritar por encima de todos los demás, por encima de estadios de fútbol enteros. Pero sigo en el mismo escalón y, en el silencio, siento absurdos lo que otro día creía logros. Atisbos de una voz propia y poder, grados de madurez y una mejor interpretación del oficio más cínico de todos, que por ahora me sale más bien que mal y me hace creerme alguien siendo nadie.

Y es seguro que me sigue faltando lo más importante, porque también es lo más difícil. Que a su vez es la verdad, el conocimiento, la felicidad; un marco de causas vitales reunidas en una sola palabra. Soy yo el que más improbable lo pone, porque cada vez me gusta menos el mundo en el que vivo. La mayoría camina hacia adelante, entusiasmada, y yo lo hago hacia atrás. Cada vez más convencido, con un paso cada vez más firme. Buscando a los otros, que por ahí pululan. O no.

lunes, 26 de septiembre de 2016

No moon

Hiere pensar que la noche sin Luna es menos bella. Que la completa. Lo personal es propio pero lo compartido vincula. Latir acompasado a un órgano fuera del cuerpo de uno. El reto diario de amanecer una sonrisa. Lo perverso del que se esconde e infringe lo ordinario.

Un gajo en una mandarina de dos. Enfados que solucionan besos, hechos y demostraciones. Contemplar desde cama cómo su mano tacha el lunes, el martes, el mes y el año. Aspirarla hasta las letras.

Sentimos para estrellarnos. A veces sentimos poco y poco tiempo para solo hacernos daño, creer que la herida fortalece y volver a darle vida.

Desde el doblar de una esquina no puede verse el otro, pero caminar insinúa. Caminando se pasan las páginas y se queman, las etapas. Pensar solo sirve para escribirlas.

Nunca fuiste tan importante pero ronroneaba el sofá (lo fuiste lo suficiente). Quizás deje la puerta medio abierta y quizás quieras entrar. Quizás te desvistas de pasado. Quizás se apaguen las farolas.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Septiembre, octubre

Septiembre, octubre algunos años, es un mes de recomienzos. De retomar o de empezar de cero, a pelo. De volver a nacer en un lugar que te desconoce, de abandonarlo todo y volver a germinar en una tierra desconocida sin saber si se riega o no. Septiembre, octubre algunos años, siempre es excitante.

Septiembre significó para mí la gran mudanza. Hace seis que dejé atrás a los amigos de nueve, los decisivos, los que forman. Con veinte soy la versión madura de la de catorce, pero no otra. Fueron días extraños, de sabor a miedo y sorpresa, en los que nada a tu alrededor cambia excepto tú mismo y las tres maletas inseparables que te acompañan y cambian contigo. Días excitantes en los que, yo, descubrí por qué era, donde había nacido y por ende dónde quería morir.

Septiembre, en concreto septiembre, significó hace dos la gran aventura, esa que te transforma entero. Salir del nido, esa vez sin tuppers. Poner horas de avión como distancia. Sentirte tan libre como para abrazar hasta el mal, libre también de sospechas. En aquella mudanza hacia donde se bebe más vino que cerveza hubo un reloj de arena que le dio un carácter único, temporal. Por desgracia, por elemental. Cada día fue el más feliz porque era uno menos, y nunca uno más. Siempre el más feliz.

Septiembre, y octubre también, son esta vez meses de oportunidades, de ganarlas y de perderlas. De incertidumbre. De no tener quién te aguarde salvo los de siempre, con la cuchara en la mesa y la explicación en la boca. De ella, o no. De haber hecho los deberes con puntualidad, pero no la situación laboral de tu país. De sentirse un cero cuando eres un diez. De faenar con la empresa privada, las colas y las listas. Este septiembre, octubre, es distinto. Porque no me espera nadie, soy yo el que tengo que buscar.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Definición de 'compartir'

Me esquivaste como se intenta esquivar lo inevitable y me mirabas de lejos, sin hacer nada por acortar la distancia. Nos unió el motor de una rotativa y con ese ruido de fondo empezamos a escribir páginas, las nuestras. El océano era verde cristalino y yo supe verlo.

Un chispazo prendió la mecha, un primer aviso bastó. Tú buscabas abrigo y yo comprensión. Mi armario no tiene fondo y tu bondad tampoco. Fuego y calma, calma y fuego. La estrella fugaz que esperó a que mirásemos a la vez para pedir el deseo. Ese.

Quemando tu desconfianza centímetro a centímetro mientras mis dedos recorren tu espalda y tu cuello. Mientras tú me miras con dos pozas de esperanza en las que me reflejo y sonríes. Voy advirtiendo que esta promesa no es falsa como la anterior y que, por primera vez, alumbro el significado del término ‘compartir’, de su definición. Y la quiero para ti, para contigo. Dos en el camino.

jueves, 9 de junio de 2016

Inconexo

Alguien que te quiera o alguien que te soporte. Si buscas la cumbre, lleva abrigo. Solo rodeado de estrellas. No te dejes explicar.

Entre las sombras no hay luz.

lunes, 23 de mayo de 2016

Tampoco

Ese polvo de cajón olvidado que se te queda en los dedos, esa película que sabes cómo acaba porque ya la viviste. ¿Qué planta riegas cuando de tus cenizas prende un fuego nuevo? Si en esta orilla no hay sombra porque nada crece.

Ajenas, por ignorancia, voluntad o miedo, a las murallas del desierto y los oasis que esconden. Golpearse el pecho es una opción. Reírse es otra. Esta vez tampoco.