Ese polvo de cajón
olvidado que se te queda en los dedos, esa película que sabes cómo acaba porque
ya la viviste. ¿Qué planta riegas cuando de tus cenizas prende un fuego nuevo?
Si en esta orilla no hay sombra porque nada crece.
Ajenas, por
ignorancia, voluntad o miedo, a las murallas del desierto y los oasis que
esconden. Golpearse el pecho es una opción. Reírse es otra. Esta vez tampoco.
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