miércoles, 13 de enero de 2016

"Fuera"

La levedad de lo que escribo, los motivos que tuve ayer hoy no percibo. La incertidumbre de no saber quién seré mañana, la nostalgia de lo que fuimos.

La boca exhala humo y juntos se desvanecen. Lo efímero del recuerdo, de conservarlo. Quien quiera matarnos nos matará, y dará igual amar la vida. El pasado y el futuro ocultos en la niebla, sin referencias. En la foto, caras recortadas. Dime tú quién se acuerda.

El abrigo no protege sin una mano en el bolsillo. Sushi al desamparo. Voces de otrora socorro ahora en mute, y notar la diferencia. Las creencias de un buen mortal, ignorante como las piedras. Añoro la lealtad como Tony Soprano sin haberla conocido, justificando mi hambre. Al alambre con todo en la mochila pensando en el vacío de mi ombligo.

Riego una planta extinguida con mentiras esperando ver crecer pureza. Manteniendo la distancia porque no te quiero. Ni te creo, y niego luces porque veo tu sombra. Bajo la capucha ante escaparates y personas, temiendo lo peor. Arrancando hojas del libro de mi historia, porque hay pasajes que ocultar a mis nietos. El acta de defunciones si preguntan.

Leer siempre da conocimiento. También de culpa.

domingo, 3 de enero de 2016

Justicia del sentir

Muchos te exigirán prudencia, que en ocasiones se traduce en la falsa medalla del que no se atreve a llegar a un punto, sea lo que sea. Te hablarán del bien mayor, del mal menor, de la discreción, de la mentira piadosa. Olvidan las tripas.

Las tripas desobedecen leyes y convencionalismos impuestos y se rebelan contra uno, asfixiándolo. Las tripas piden crudeza, crítica, y sólo tras esto, consuelo.

Cuando el dolor es puro sólo el grito y el llanto ayudan. Por más que a uno lo lleven de paseo al parque, por más Thabor que sea, las flores nunca van a estar en su sitio. Serán ajenas, discordantes, incongruentes. Rotas en vida.

Nada más injusto que pedirle al dolorido que se reprima cuando la herida le recuerda su posición. Los desgarros despiertan a los niños en la noche.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Madriz

El año muere en Madrid en un final justo porque yace entre una representación importante de aquellos que lo protagonizaron. Aquellos que le dieron sentido y lo marcaron, de una forma u otra, para siempre.

Madrid acogió reencuentros, abrazos, besos, lágrimas y palabras de amor. Madrid fue ouija porque resucitó recuerdos que siguen vivos entre nosotros, en nuestras memorias mientras conserven la luz. Cabía esperar más frío y, salvo de madrugada para alguna, no fue tal. Volvió a quedar demostrado que tres cuartas partes del buen viajero son pan. También de buenas cuando cruzan mesetas por miradas.

Conversaciones banales construyen significados y otras, ebrias de incertidumbre, alumbraban a trompicones la única certeza: que las amistades que son de verdad siempre resisten. Que las personas que se quieren nunca están lejos.

Madrid probó que la sonrisa vale más que la carcajada . Dura más, y es más simbólica, más leal, menos casual. Es importante reconocer un sofá en el que acurrucarse. La Navidad de Madrid hizo hueco para el valor de la amistad entre copas de Larios, relaciones públicas más y menos ortodoxos y chinos con camisetas también del Atleti. Al abrigo de un Retiro aún otoñal.

Esta vez lo volvió a unir Madrid, Mañana, Rennes dirá.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Fracasar

Fracasar es creer en algo sin que ese algo crea en ti. Fracasar es dedicar años, esfuerzos y lágrimas contenidas a la construcción de un modelo de persona, de un modelo de ser, que acaba ninguneado y meado en la calle. Fracasar es que te humillen aquellos por quienes habrías matado al ver sus nombre manchado. Fracasar es creer en Dios y que te inyecten ciencia. Fracasar es abrazar a quien ríe al otro lado. Fracasar es querer a quien te está mintiendo. Fracasar es no poder hacer nada para evitarlo. Fracasar es que te engañen y luego ni respeto te tengan. Fracasar es que sea el puro el que termine al margen, y que la rueda siga girando. Fracasar es escuchar la rueda girar desde tu casa.

Fracasar es triunfar; porque el que falla lo hace tarde o temprano, y siempre puede ser más tarde y más doloroso. Triunfar es retirar la mano del fuego equivocado antes de echar a arder. Porque siempre puede arderse más.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Delete.

Me pides ayuda como si la merecieras.

Me pides ayuda como si no supieras que al que más le cuesta es a mí. Reclamas un perdón que, estando en mi mano, no puedo darte.

Sueño y evoco que todo ha sido una pesadilla, pero ha sido real. Traición, mentira.

A veces pienso que todo está en mi mano, la responsabilidad de reordenar el puzzle y presumir de ser humano bondadoso, recto.

Pero nada está en mi mano, todo se fue, todo voló porque vosotros soplasteis. Todo se desvaneció, y no me queda nada.

Es duro, pero más duro es para mí, que no lo he merecido. Y claro que me importas, y no sabes cuánto. Más de lo que por supuesto mereces. Mi censura.

A ratos juzgo mi sangre fría, que hierve al ver que la tuya es aún más gélida, sabiendo que tu mera voz me rompe.

Haz el favor, haced el favor, y poneos en mis zapatos.

La solución no es pulsar 'reply'. Es pulsar 'delete'.

Pido respeto, y consideración.

No sólo por mí.

jueves, 26 de noviembre de 2015

El primer día

En el primer día del resto de su nueva vida, uno no puede evitar sentirse solo.

Al final, uno ha de dar las gracias por la hostia. Tocaba darse cuenta, pasar página, quemar las cartas. Tal era la frustración de mi existencia por no encontrar canal para comunicarse conmigo, tan absorto en mi ensoñación, que buscó la manera más ruin de explicarme la partida. Me llenó de fuego días del calendario en los que yo dormí la siesta, plácido. Dio razón a los silencios, dio razón a la carencia de correspondencia en el cariño. Dio razón al vacío. Medio año de puro embuste.

Vacilas, flaqueas. Te cuesta apoyar el pie. Es duro despertar y no ver sobre la mesa a piezas que te han sostenido al sufrir, que le han dado sentido a tantas cosas. Que dibujan sonrisas a la memoria. Es duro desprenderse de alguien sin haberlo dejado nunca de querer. Más duro es saber que tanto, tanto, no te han querido.

El primer día del resto de su nueva vida, uno se siente solo y flaquea, pero en el horizonte otea, fea, una nueva y puta vida entera.

Lo peor de que te decepcionen es pensar que un día esperaste algo.
Lo peor de que te traicionen es pensar que, mientras la traición se gestaba, tú seguías dando.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Era tanta la calma

Era tanta la calma, tanto el aburrimiento, que se sentó en el porche y comenzó a recordar la guerra entre susurros, tomando la botella como nieto para las batallitas.

“Ella era la razón”, concluía. El cuerpo, la identidad, una excusa. Inventó una historia tan perfecta, tan cargada de épica y de drama y de dolor, que no pudo evitar enamorarse de ella, y hacerlo locamente. El error que lo condenó residía, básicamente, en que la historia, obviamente, surgía de su imaginación.

Sin quererlo, entró en una guerra de cruel que arrasó parte de su ser. El camino estaba lleno de cristales, pero era el camino. Tenía una razón por la que caminar, por la que soportar las esquirlas. Tan poderosa era esa razón de vivir, esa razón de sufrir, que no quiso reconocer que todo partía de una ficción. Que se estaba engañando.

Cuando quiso darse cuenta, seguía a tiempo. Abrió un agujero en lo que ya era un túnel y comenzó a atisbar la luz. Había un futuro, real, palpable, alcanzable a los sentidos.
En ello estaba cuando se percató de la calma. Ese mundo le era desconocido. Todo, entonces, se tiñó de negro.


Era tanta la calma, que la tormenta se estaba gestando.