Me esquivaste como se intenta esquivar lo
inevitable y me mirabas de lejos, sin hacer nada por acortar la distancia. Nos
unió el motor de una rotativa y con ese ruido de fondo empezamos a escribir
páginas, las nuestras. El océano era verde cristalino y yo supe verlo.
Un chispazo prendió la mecha, un primer aviso
bastó. Tú buscabas abrigo y yo comprensión. Mi armario no tiene fondo y tu
bondad tampoco. Fuego y calma, calma y fuego. La estrella fugaz que esperó a
que mirásemos a la vez para pedir el deseo. Ese.
Quemando tu desconfianza centímetro a
centímetro mientras mis dedos recorren tu espalda y tu cuello. Mientras tú me
miras con dos pozas de esperanza en las que me reflejo y sonríes. Voy
advirtiendo que esta promesa no es falsa como la anterior y que, por primera
vez, alumbro el significado del término ‘compartir’, de su definición. Y la
quiero para ti, para contigo. Dos en el camino.